santa amalia
La cara oculta de los ‘realities’
17/06/2012   //   Por:   //   Televisión   //   Sin comentarios   //   432 vistas

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¿Cuánto ganan los concursantes de Gran Hermano? ¿Pueden ser ellos mismos durante el encierro? ¿Se puede rentabilizar el paso por un concurso de telerrealidad? Desde la llegada de Gran Hermano a España en abril del año 2000, los realitys han invadido la televisión patria con la promesa de enseñarlo todo. Pero en el negocio de retransmitir “la vida en directo” para saciar la curiosidad de los espectadores o de exprimir a un grupo de cantantes con hambre de convertirse en estrellas, no todo es transparencia. Los ángulos muertos son muchos y los protagonistas desencantados de estos “experimentos sociológicos” abundan.

Miles de personas se presentan cada año a los castings para participar en los programas de telerrealidad en busca de notoriedad, fama o dinero. Los filtros que tienen que superar los aspirantes para acceder a las casas transparentes que dominan el panorama televisivo persiguen que los concursantes puedan “dar juego” en los programas. Enrique García Huete, experto en psicología clínica, es también el director del equipo de psicólogos de Gran Hermano, el programa decano de los ‘realities’.

Con su experiencia asegura que el papel de los psicólogos en los castings es “como un proceso de selección de personal más”, aunque aclara que “buscamos personajes, no perfiles para un puesto de trabajo”. Durante la criba, los psicólogos descartan a las personas “con patologías clínicas, con tendencias a la ansiedad o psicopáticas”. El equipo de García Huete se encarga de evitar problemas en las últimas etapas del casting pero señala que la última palabra sobre quién entra o no a la casa de las ‘mil cámaras’ la tiene la productora.

A través de las entrevistas y pruebas que pasan los concursantes, los psicólogos pueden predecir cómo actuaría un candidato ante determinadas situaciones. “Si juntamos a varios participantes que tienen un bajo control de sus impulsos, es más fácil que una persona pueda tener una conducta violenta, nosotros medimos todo esto y calculamos los riesgos. Siempre advertimos de que si entran ciertos perfiles, es bajo su responsabilidad”, asevera García Huete.

Entrar y salir de ‘la casa de cristal’

De la elección de concursantes sabe mucho Roberto Ontiveros, el ‘Súper’ de Gran Hermano, el cerebro que puso en marcha la primera edición y que se mantuvo al frente de ella durante siete años. Señala la gran cantidad de personas que se presentan para vivir la experiencia y asegura que, pese a ello, “es fácil distinguir entre quién es diferente y quién es más de lo mismo”.

Ontiveros explica que los candidatos a encerrarse en la casa durante meses suelen ser personas con muchas ganas de que su vida dé un giro radical, por ello, la organización del concurso siempre les advierte de los cambios a los que pueden enfrentarse. “Hay que dejarles muy claro que es un concurso donde hay un riesgo que puede afectarles emocionalmente. Se juegan parte de su futuro y de cómo les van a percibir cuando salgan”, asegura. El artífice de GH en España llegó a recomendar a varios concursantes que no participaran en el programa y, lejos de lo que pudiera creerse, afirma que hubo quien renunció a entrar en el último momento.

A pesar de los filtros, cualquier ‘consumidor’ de este tipo de programas puede recordar numerosos episodios polémicos que han salpicado a los formatos, en muchas ocasiones en beneficio de sus ya potentes datos de audiencia. Desde María José Galera, cuyo pasado en el mundo de la prostitución salió a la luz de forma traumática, hasta la polémica expulsión de un azafato de vuelo que concursaba en un programa de aventuras hasta que se descubrió que había pasado una larga temporada en el reformatorio tras asesinar a sus padres cuando tenía 15 años.

En el caso de Gran Hermano, el nivel de las disputas entre los ‘enclaustrados’ ha ido aumentando a medida que el programa sumaba ediciones -acaba de terminar la 13ª-. Sólo en una ocasión la dirección se vio obligada a expulsar a un concursante por su conducta. Fue en la segunda edición, cuando el foco mediático escudriñaba cada detalle de lo que acontecía en la casa de Guadalix de la Sierra. La relación personal que iniciaron en el programa Fayna Betancourt y Carlos Navarro se interrumpió con la salida del último tras unas imágenes que hirieron la sensibilidad de asociaciones de mujeres maltratadas.

Fayna recuerda el episodio como un ‘shock’ y sigue negando rotundamente que se sintiera maltratada. “No entendíamos nada, nuestra relación se malinterpretó”, argumenta para subrayar después que prueba de ello es su matrimonio con Carlos y los hijos que tienen ambos.

Tras un ‘tour’ por los programas de ‘cotilleo’ de la época en el que la pareja defendía con uñas y dientes la autenticidad de su relación, la ex gran hermana canaria vive apartada de la órbita televisiva y recuerda que se presentó al reality para intentar dar un empujón a su vocación como actriz. “Cándida de mí, después de ver la trayectoria de varios concursantes de la primera edición pensé que me podría abrir puertas y todo lo contrario, es un hándicap enorme, una etiqueta para siempre”, relata.

El de Fayna no es el único caso de expectativas frustradas que ha dejado tras de sí la estela del Gran Hermano. Recientemente, la concursante de la primera edición “Marina Díez” relataba en el programa de Telecinco ‘Qué tiempo tan feliz’ el lastre que ha supuesto en su vida su paso por la casa. Entró con 23 años a un concurso cuya repercusión aún era desconocida. Cuando salió, su vida no volvió a ser la misma. Se divorció, pasó por el quirófano y dejó su trabajo pensando que Madrid se rendiría a sus pies. Nada más lejos de la realidad. Ahora, con 34 años, lleva cuatro en paro. “Mi situación es desesperada, un infierno”, confesó a María Teresa Campos. “Ahora no hay trabajo y cuando llego a una entrevista, me focalizan en Gran Hermano y no me dan ni una oportunidad”, decía.

El ‘cartelito’ de concursante Gran Hermano ha supuesto para muchos una barrera para volver a la vida real y encontrar un puesto de trabajo pero algunos han conseguido hacer del programa su forma de vida participando como tertulianos en televisiones o acudiendo a bolos en discotecas por toda la piel de toro. En cualquier caso, la media de estancia oficial en este ‘puesto de trabajo’ se prolonga hasta que empieza una nueva edición. Durante cada mes de encierro los ‘grandes hermanos’ perciben alrededor de 1.500 euros al mes más un ‘bonus’ de entre 40 y 90 euros dependiendo de lo lejos que lleguen en la convivencia televisada. Estas cifras son aproximadas y han variado a lo largo de las ediciones.

Lo que está claro es que a la mayoría de quienes han pasado por la casa de Guadalix no les compensa económicamente y muchos “pierden dinero”, a juicio de Ontiveros. Aunque esto no siempre fue así. El fenómeno que supuso el origen de Gran Hermano, con más de 12 millones de personas siguiendo la final, reportó suculentos beneficios a muchos de aquellos primeros “valientes”. De hecho, algunos llegaron a recaudar más de 100 millones de pesetas, asegura el ‘Súper’. Ahora las cosas han cambiado. Su repercusión e interés se esfuma en apenas unos meses, en el mejor de los casos, y sólo los finalistas o los concursantes que por alguna razón han llamado la atención logran prolongar su presencia en programas de televisión, bolos y eventos similares. “No creo que ganen más de 50.000 euros al año”, dice Ontiveros.

La cosa cambia si los participantes deciden abandonar por su propio pie el encierro, sin esperar al veredicto de la audiencia. Para evitar esta situación, la productora estableció en los contratos de los concursantes una ‘multa’ por abandono voluntario que está en torno a los 12.000 euros.

A esto hay que sumar, además, el porcentaje de las ganancias con el que se queda Telegenia, empresa filial de Zeppelin que representa a los concursantes durante y después de su aventura en la casa. Telegenia se queda con una cantidad que oscila entre el 8% y el 30% de cada aparición de los ‘grandes hermanos’, si bien ninguna de las dos compañías ha querido confirmar este dato ni dar explicaciones sobre las condiciones económicas de los concursantes.

¿Espontáneos o ‘marionetas’?

En los últimos 12 años, más de 150 personas han vivido bajo la atenta mirada de las cámaras de Gran Hermano y aunque en su primera edición el programa incidía en los altísimos coeficientes intelectuales que atesoraban los concursantes, lo cierto es que muchos participantes no consiguen desprenderse de cierta imagen de ‘frikis’ o ‘juguetes rotos’. Enrique García Huete insiste en que la “media de coeficientes intelectuales es alta” aunque admite que el nivel cultural de los habitantes de la casa “tiene un sesgo” y este viene determinado por “el tipo de gente que se presenta a este programa”. “Como digo yo siempre, en la selva también hay genios por descubrir”, explica.

Otra pregunta que siempre sobrevuela sobre el funcionamiento de este tipo de programas es la autenticidad de los concursantes. ¿Se puede ser normal bajo la permanente vigilancia y la exposición a las cámaras? ¿Están guionizadas las vidas de los personajes de los realitys? Los responsables de estos formatos defienden a capa y espada que no hay ninguna manipulación. Sin trampa ni cartón, todo se emite y se retransmite las 24 horas del día. Pero algunos concursantes disienten.

Por ejemplo Fayna, aunque niega haber sido ‘dirigida’ por el Gran Hermano, sí recuerda que en los primeros días de convivencia la organización los reunió a todos en el famoso confesionario para “recomendarnos que fuéramos un poco menos pasivos y recordarnos que había mucha gente que quería entrar ahí”. Años después se embarcó en otra aventura de telerrealidad, ‘La isla de los Famosos’. Convivencia supuestamente extrema en una paradisíaca isla desierta con pocos recursos. En esta ocasión, Fayna recuerda una anécdota reveladora: “El director del programa nos dijo directamente que alguien robara algo para crear conflicto”.

Roberto Ontiveros, que ha tenido que escuchar en numerosas ocasiones que el programa que él mismo dirigía daba instrucciones a los concursantes, desmiente que esto sea así. “Pongo la mano en el fuego porque jamás se le ha dicho nada a los concursantes, al menos en las siete primeras ediciones y posteriormente, yo creo que tampoco”. Ahora bien, matiza que el formato se ha ido adaptando a la erosión del tiempo.

Al principio, los participantes eran más “inocentes”, desconocían la repercusión que su convivencia televisada estaba teniendo fuera de los muros de la casa, y eso favorecía la espontaneidad y la naturalidad. Pero con el paso del tiempo, los concursantes han aprendido a prever las pruebas y juegos que les propone la organización y controlan en mayor medida su forma de actuar y responder ante determinados estímulos. Es por esto que ahora se dan situaciones “un poquito preparadas”, dice Ontiveros, que buscan provocar un determinado conflicto o generar una reacción concreta en algunos concursantes.

Esto explica, por ejemplo, la polémica en torno a Noemí, la concursante canaria de la última edición del ‘reality’ que podría denunciar al programa por maltrato psicológico, según recoge la publicación canaria ‘Lancelot’.

Con guión o sin él, la fortaleza de este tipo de formato está fuera de toda duda. La audiencia les respalda, quizá por morbo, curiosidad o aburrimiento o quizá porque nos atrae ver en otros comportamientos y actitudes que reconocemos como nuestras. Esa es ‘la vida en directo’ tal y como nos la cuentan en el pequeña pantalla…¿nos mostrarán alguna vez lo que queda oculto?

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